CAPÍTULO 5
Pestañeo…
Cuando mi párpado desarropa mi iris, veo colgado el vestido que me prometió belleza. Negro, con un pequeño lazo que decora el final de mi pecho y que juguetea con el viento que entra por la ventana. No puedo decir que tapase de una forma protectora y egoísta mi cuerpo.
Me serví una copa de vino tinto y empecé a saborear el lujo y la ostentación de la que intentamos rodearnos esa noche, la última noche delaño. Me senté depositando todas mis ilusiones en ese trozo de tela, e intenté tatuar una sonrisa que debía durar un año más, pero que esa noche tenía que disfrazarse de verdad indudable. Para animarme, encendí un cigarro y me decidí a dar a paso a los rituales que toda mujer lleva a cabo cuando habla de arreglarse. Me perdí entre los olores a fruta de las cremas, entre los colores de pintalabios, entre el jugueteo de los tacones más vertiginosos a los más tímidos…
Sonó entonces el timbre y con ello la fiesta comenzaba.Amigos, historias, risas, copas y cigarros se iniciaban y se acababan fugaces,formando sin saberlo – o sabiéndolo- el recuerdo de la Nochevieja de 2009.
Pestañeo…
Cuando mi párpado desarropa mi iris, veo colgado el vestido que consiguió atrapar una colonia varonil en el hueco de mi cama. Un vestido mal colgado y que sufre aún las heridas de la intensa noche, con una cremallera, que prometía más fortaleza ante el enemigo, resignada tras su derrota.
Me dejo acariciar por las sábanas disfrutando del primer día para empezar de nuevo, y se va el olor anónimo que me desató en esa noche,destapando el olor de lo antaño, de lo que dejaba atrás.
Pero entonces el duro invierno entró por la ventana y dejé de oler, bueno, dejé de olerte notando un olor olvidado , familiar….
huele a mí.