Cuando mi párpado desarropa mi iris, veo colgado el vestido queme prometió belleza. Negro, con un pequeño lazo que decora el final de mi pecho y que juguetea con el viento que entra por la ventana. No puedo decir que tapase de una forma protectora y egoísta mi cuerpo.
Me serví una copa de vino tinto y empecé a saborear el lujo y la ostentación de la que intentamos rodearnos esa noche, la última noche delaño. Me senté depositando todas mis ilusiones en ese trozo de tela, e intenté tatuar una sonrisa que debía durar un año más, pero que esa noche tenía que disfrazarse de verdad indudable. Para animarme, encendí un cigarro y me decidí a dar a pasoa los rituales que toda mujer lleva a cabo cuando habla de arreglarse. Me perdí entre los olores a fruta de las cremas, entre los colores depintalabios,entre el jugueteo de los tacones más vertiginosos a los más tímidos…
Sonó entonces el timbre y con ello la fiesta comenzaba.Amigos, historias, risas, copas y cigarros se iniciaban y se acababan fugaces,formando sin saberlo – o sabiéndolo- el recuerdo de la Nochevieja de 2009.
Pestañeo…
Cuando mi párpado desarropa mi iris, veo colgado el vestido que consiguió atrapar una colonia varonil en el hueco de mi cama.Un vestido mal colgado y que sufre aún las heridas de la intensa noche, con una cremallera, que prometía más fortaleza ante el enemigo, resignada tras su derrota.
Me dejo acariciar por las sábanas disfrutando del primer día para empezar de nuevo, y se va el olor anónimo que me desató en esa noche,destapando el olor de lo antaño, de lo que dejaba atrás.
Pero entonces el duro invierno entró por la ventana y dejé de oler, bueno, dejé de olerte notando un olor olvidado , familiar….
huele a mí.
Escrito por laprimeralinea el 08/01/2010 02:07 | Comentarios (6)
Me decidí a encender ese cigarro que esperaba paciente al lado del ordenador. Allí, tumbado y seduciéndome, esperaba triunfantea ser devorado por el fuego y el oxígeno de mi boca.
No pude negarme, y cogí ese artilugio (celador del gas) que lo prendía con sólo un movimiento de mis dedos.
Lo encendí, y me esperaban doce caladas de anestesia para mis nervios. La primera se la llevó el cansancio del día. De las tres siguientes se apoderó la ansiedad del trabajo que esa noche tenía que terminar. De la quinta y sexta, la verdad, me acuerdo muy poco, ya que quedé exhausta en el baile del humo.A la séptima vino el desasosiego del amor que tanto nos hace sufrir cuando lo hemos perdido, y se hizo la más larga.
La octava y novena se convirtieron en las amigas que te consuelan y escuchan.
Y de aliviarme se encargó la décima…
Pero como en todas las cosas de esta vida efímera, las dos últimas caladas se convirtieron en la agonía de saber que algo está a punto de acabarse, en la agonía de quedarte con el mejor recuerdo de lo que minutos antes te ocupaba y ahora te deja libre…
Proseguí por tanto al juego entre el vicioso del humo y el vicio humeante, de apagar con recelo los restos del cigarrillo contra su tumba circular, a la que llamamos cenicero.Y con ello apagué todo lo que había pensado…
Lo que pasa es…
Que no fumo, así que no pensé.
Escrito por laprimeralinea el 14/12/2009 20:33 | Comentarios (5)
La lucha de clases, algo con lo que vive la sociedad desde sus inicios, parece no existiren nuestra sociedad actual. Nos parece lejana e incluso nos llevamos las manos a la cabeza cuando escuchamos palabras como opresión, esclavos, explotación… Nos creemos que nuestra sociedad es la gran sociedad de los derechos, la sociedad en la que nadie nos puede arrebatar nada; en la que somos nosotros mismos los que elegimos cómo vivir, qué trabajo escoger y dónde llevarlo a cabo.
Es verdad que gracias a muchas revoluciones, intelectuales, movimientos sociales, y luchas hemos conseguido – la humanidad - asentar una base como garantía de nuestra vida.
Pero…
En nuestra sociedad ya “no existen clases” como se concebían anteriormente, nos jerarquizan en tres grandes grupos: la clase alta, la clase media, y la clase baja. Una terminología que brilla por la hipocresía. No es tan mal sonante, o no provoca en nosotros una ofensa, como si se nos llamasenseñor y vasallo, porque eso es lejano a nuestra sociedad; porque nuestro nivel de civismo no deja lugar a repetir algo así,pero, no todos tenemos esos derechos que han callado a la mayoría.
Mientras unos no miran los precios cuando van a la compra, lo mileuristas pelean por encontrar la moneda de cinco céntimos escondida en la cartera. Esta .la clase media, a la vez se distingue del que vive con esos 5 céntimos, y que recibe por abrirle la puerta del supermercado.Mientras los diputados de nuestro país “se niegan” a bajar sus sueldos en crisis -¡Se niegan!- ;la clase media suplica no perder su empleo, no le da tiempo a pensar en un sueldo mejor, sólo a mantenerlo. Y la clase baja…es cada vez mayor. Con la crisis hay más de cuatro millones de desempleados en una cara de la moneda,
en la otradiputados que se niegan a que bajen sus sueldos y grandes directivos a los que España no quiere reducir remuneraciones salariales elevadísimas . Pues creo que se convirtieron en burgueses.Y creo que sigue habiendo una diferencia de clases cada vez mayor.
Hay leyes que regulan las jornadas laborables, pero cuántos salen de sus casa a primera hora de la mañana y no vuelven hasta la noche, cuántas mujeres encuentran complicaciones en el trabajo para compaginarlos consu segundo trabajo, sus casa. Pero esto sólo se da en la clase media o clase baja.
Entre protestas del pueblo hacia el gobierno , hacia su política social y económica, hacia su demagogia , encontramos conformismo. Escuchamos dar las gracias por tener un trabajo por muy baja que sea la recompensa, escuchamos que podría ser peor… y sólo alzamos la voz cuando nos encontramos en la cola más pisada de la historia. La cola del paro.
Muchos se han enriquecido con la superproducción del sector inmobiliario, pero la clase media y baja son los que pagan las consecuencias. El director de la empresa vuelve a enriquecerse, y es el obrero al que se le baja el sueldo o se despide. Nos parecemos un poco más de lo que creemos al proletario, y ellos se parecen más de lo que demuestran a la burguesía del siglo XIX.
Escrito por laprimeralinea el 12/12/2009 17:53 | Comentarios (2)
Lorena, esa mañana, andaba por la calle un poco desorientada y abstraída del mundo que la estaba rodeando. No era un día que se mostrase diferente a los demás. El cielo estaba azul, y no se divisaba ninguna pelea entre las nubes para observarnos. El frutero tenía la misma sonrisa que cada mañana le daba los buenos días, y le recordaba con ello, el beneficio de esta fruta para el cuidado de los soldaditos que descuartizan nuestras presas antes de ser tragadas.
El panadero amasaba, como siempre, la harina tras el gran escaparate donde sus mejores trabajos vacilaban a las mujeres que se prometieron no dar bocado alguno a su delgadez.
Pero Lorena se sentía diferente.
Acompañó al día de una forma natural. Fue a sus clases, luchó con su mente para sacar lo mejor en un examen, y se dejó arropar por el sofá una vez había terminado con sus deberes.
Era claramente uno de esos días donde todo se vuelve una pregunta, y donde nada se vuelve una respuesta.
Echó el cerrojo a su sentimiento y siguió de forma mecánica dejar pasar ese día que aparentemente no tenía nada de especial.
Pero se equivocaba.
Se sentó a disfrutar de un capuchino caliente y a esperar la llegada de unas amigas a las que no veía hace tiempo por su compromiso y trabajo dedicado a hacerse un hueco el día de mañana.
No era su mejor momento, se sentía traicionada por muchos, pero sobre todo por ese espantoso día que no dejaba de atormentarla con recuerdos, rencores, exigencias… en definitiva, tenía los sentimientos a flor de piel.
Quería arreglar lo que se había roto, quería sentir lo que le obligaron a enterrar, y quería decir ,sobre todo, lo que le callaron tantas veces.
Llegaron sus tres amigas, y entre besos y saludos con preguntas rápidas para poder contarse todas las novedades de esa última semana, se dejaron seducir por un brownie que acompañaría al café
Fue en el primer bocado de ese dulce manjar cuando Lorena explotó y confesó su desazón.
Fue en el segundo bocado donde Lorena sonrió al infortunio.
Pero fue en el tercer bocado donde Lorena levantó la vista y pensó…
-“Tengo sed … y la he saciado, Tengo hambre… y la he colmado, Tengo dolor… y lo puedo compartir”
Así que olvidó las manzanas, porque había cuidado bien sus dientes para enfrentarse a ese caliente vaso; olvidó la harina que embelesaba a esas señoras, porque se había moldeado para saborear lo más dulce de la vida; y olvidó las nubes, porque ninguna podría nublar la amistad que la ayudaba a compartir lo que tan pesado se hace cuando estás a solas.
Escrito por laprimeralinea el 12/12/2009 03:04 | Comentarios (0)
Era nueve de diciembre, y ya había visto irse al sol dos horas antes. Era el ejemplo de todo lo que había sucedido ese corto día de invierno: el calor de esa estrella se iba demasiado pronto, al igual que los sentimientos que recorrieron su cuerpo desde que esa mañana volvía a coger fuerzas para respirar en un día nuevo del calendario.
Entró a la estación, donde el olor a espera lo reconfortó como cuando nos viene ese olor a niñez que nos hace entornar los ojos y agudizar nuestro olfato para retenerlo de nuevo.
Una señora de rojo esperaba a la izquierda de la máquina que desnuda nuestras maletas, y da su aprobación para seguir el viaje.
Pasó todas las pruebas necesarias para conseguir acercarse a la vía dos, donde su tren estacionaría y le llevaría lejos de allí. El día fue un ir y venir entre sitios y gente, que se esfumaban tan rápido como los últimos rayos del sol.
Todo estaba hecho, las maletas en orden, el billete en las manos… pero la idea de que lo más importante se le olvidaba oprimía su pecho y atormentaba su mente.
La señora que antes había captado su atención con un vestido rojo, un tanto presuntuoso, se le acercó a pedir fuego, y tras encenderse el cigarrillo le preguntó por su destino…
Él contestó que viajaba hacia Madrid, y al pararse en sus palabras encontró lo que había olvidado y oprimía su pecho a la entrada de la estación.
Se le olvidaba el mismo, lo que quería, lo que era y lo que soñaba.
Retrocedió unos pasos, cuando vio aparecer el tren que cuatro años antes lo sacaba de su pueblo inocente y virgen. Entonces se vio en una de esas ventanillas que tantos enfados dan a los pasajeros que las comparten y que prefieren el sueño a la lectura.
Se vio, y volvió a acordarse de cómo era, qué quería y qué sueños buscaba.
Una vez en atocha se dio cuenta de que las maletas pesaban mucho más que en un principio, pero sabía que no eran más que las respuestas que en los viajes anteriores había olvidado llevarse consigo.
El reloj daba las nueve...
Escrito por laprimeralinea el 10/12/2009 01:31 | Comentarios (7)
Empecé a pensarlo... Rondaba por mi cabeza como una idea innovadora y que luchaba en mi interior porque quería explotar.
Pero, ¿por dónde empezar?
Me sentaba, unos días en una silla de madera y paja que acoge humildemente a los invitados que alegran las noches de tertulia en mi casa... y nada.
Me sentaba, en esa silla de cuero que con tanta preocupación y cariño me regalaron para enfrentarme a la reflexión y al desasosiego de los exámenes siguientes... y nada.
No me di cuenta de que la comodidad no la traería a mis manos la silla que me mecería durante las siguientes horas frente a este desafío. No quería ver que lo que me asustaba era sentarme y no saber qué decir, no saber qué contar, y acabar sabiendo únicamente que lo que más domino es la ignorancia. Se apoderaba de mi cuerpo y conseguía convencer a mis músculos y tendones de no mover mis manos sobre el teclado.
Y tuve que volver a casa para conseguirlo...
Sentarme, y hacerlo, ya es algo que se puede contar, ya tengo algo que decir,y mis músculos y tendones han hipnotizado mis manos convirtiéndolas en dos arañas que bailan tejiendo lo que antes era... nada.
Por eso le llamo a este blog,
QUIERO CONTAR...
Escrito por laprimeralinea el 07/12/2009 17:40 | Comentarios (5)